Campeonato Mundial Triglobero de Media Distancia en Infinitri Peñíscola 113

Campeonato Mundial Triglobero
Media distancia, Peñíscola y otra excusa perfecta para vivirlo en equipo
El Campeonato Mundial Triglobero de Media Distancia volvió a reunir al club en una prueba especial. Esta vez, la sede fue Infinitri Peñíscola 113: una carrera dura, bonita y con todo lo necesario para convertir un triatlón en una experiencia de club.
Si algo nos caracteriza como club son nuestros “mundiales”. Que nadie se asuste: no son otra cosa que juntarnos unos cuantos en una prueba y tener una excusa más para pasarlo bien. Hay título honorífico, hay coñas que duran un año entero y hay una obligación no escrita de disfrutarlo como se merece.
Pero, en realidad, lo importante en días así es todo lo demás. El compañerismo no se pierde. Al contrario. Nos acompañamos si alguien va mal, si alguien necesita un empujón o simplemente porque nos apetece compartir el camino. Lo más parecido a una concentración: desayunos, comidas y cenas en familia, nervios compartidos, risas, lloros y alguna que otra mirada de “¿quién nos mandaría meternos en esto?”.
Este año elegimos Infinitri Peñíscola 113 por muchas razones, pero las principales fueron claras: sabíamos que la organización iba a estar a la altura, los recorridos prometían ser divertidos, el postmeta tenía buena pinta y, para qué negarlo, Peñíscola nos gusta como ubicación.
Ocho compañeros y un mismo objetivo
Ocho compañeros llegamos con un mismo objetivo: ganar al resto. Bueno, no. O sí. O un poco. La realidad es que el objetivo era pasarlo bien y acabar un triatlón que, hasta que no lo haces, no terminas de darte cuenta de lo duro que es.
La previa tuvo todo lo que tiene que tener una previa triglobera: comer mucho, reconocer un poco los circuitos, probar la bici, compartir nervios y miedos, y quitarle hierro a todo echándonos unas risas. Era el primer triatlón del año para muchos y las dudas aparecieron, como aparecen siempre: que si igual teníamos que haber entrenado más, que si no habíamos descansado suficiente, que si las piernas no estaban como esperábamos, que si la bici iba rara, que si el mar, que si el viento, que si la madre que parió al segmento de carrera.

Una natación espectacular
La natación fue uno de esos momentos que se quedan. Salida al amanecer, rolling start, el mar bastante noble y el recorrido rodeando el castillo del Papa Luna. Pocas olillas, nada fuera de lo normal, y un entorno que hace que hasta los que se ponen nerviosos antes de meterse al agua tengan unos segundos para pensar: “esto está bastante guapo”.
La T1 estuvo bien montada, con espacio suficiente para todos y sin esa sensación de caos que a veces aparece cuando sales del agua intentando recordar dónde está tu bici, tu casco y tu dignidad.
Una bici rápida, bonita y con dureza
La bici fue otro cantar. Aproximadamente 90 kilómetros con unos 1.000 metros de desnivel. Un recorrido durillo, pero muy disfrutable, con zonas bonitas y tramos en los que se podía rodar bien. Este año era una bici muy de cabra, rápida, con terreno para ir cómodo si habías hecho los deberes… y para sufrir si no los habías hecho tanto.
Con unos 1.200 participantes, también es verdad que hubo momentos donde se vio bastante drafting. En situaciones así toca hacer lo que depende de uno: intentar ir lo más limpio posible, respetar la carrera y centrarse en lo nuestro.
La T2 también estuvo bien planteada y con un detalle que muchas veces se echa de menos al bajarse de la bici: baños. Puede parecer menor, pero en una media distancia hay detalles pequeños que, en realidad, son bastante grandes.
La carrera a pie que engaña
La carrera a pie engaña. Desde fuera puede parecer que, al tener mucho tramo por el paseo marítimo, va a ser más amable de lo que realmente es. Pero la parte central tiene unos cuestones importantes y, si no regulas al principio o te pasas de ritmo en las subidas, lo pagas en los últimos 10 kilómetros.
Ahí es donde la media distancia te recuerda que no va solo de nadar, pedalear y correr. Va de gestionar, de tener paciencia, de no venirse arriba antes de tiempo y de aceptar que, cuando las piernas empiezan a hablar, normalmente dicen cosas bastante feas.
La llegada, eso sí, merece la pena. Una meta en un entorno medieval, con una estética muy especial, que hace justicia a todo lo vivido durante la prueba. Una más que no nos cuentan.
Otro año, otro campeón mundial triglobero
Como todo mundial triglobero que se precie, hubo clasificación, título honorífico y material de sobra para que las bromas duren, como mínimo, hasta el próximo campeonato.

Los que compiten y los que animan
Aquí, el que puede compite y el que no, anima. Y eso también forma parte de la esencia del club. Porque una experiencia así no la hacen solo quienes cruzan la meta. También la hacen quienes viajan, acompañan, graban, animan, esperan, preguntan, celebran y sufren desde fuera casi tanto como los que llevan el dorsal.
Tenemos que agradecer especialmente a Bea, Rubén y Fati, que vinieron a vivir la experiencia, animar y dejarnos este vídeo de lo que fue el fin de semana. Porque al final, lo que queda no es solo la clasificación: son las vivencias compartidas.
Unidad, compañerismo y vivencias
El Campeonato Mundial Triglobero de Media Distancia en Infinitri Peñíscola 113 volvió a recordarnos por qué hacemos esto. Porque sí, nos gusta competir. Sí, nos gusta picarnos. Sí, alguno se toma el título demasiado en serio aunque diga que no. Pero lo que de verdad nos llama es la unidad, el compañerismo y compartir vivencias que se quedan mucho más que cualquier clasificación.
Otro año, otro campeón mundial triglobero. Y todavía nos quedan unos cuantos mundiales más esta temporada.
¡Vamos, familia!
¿Quieres vivir experiencias así con nosotros?
No lo dudes: si quieres entrenar, competir, compartir viajes, nervios, risas y retos con un club que vive el triatlón en equipo, únete a Club Trigloberos.
Únete al club


